domingo, 25 de enero de 2009

Relaciones Innocuas

Aquellas mañanas de verano en casa de Belén se convirtieron en una bonita rutina. Llegaba a su casa, desayunábamos y de repente ya estábamos encamados.

Un día, después de hacerlo, Belén me dijo en tono burlón:

- No estuvo tan mal, vas mejorando.

- Claro que no estuvo mal, nunca ha estado mal. Algunas veces más rico que otras, pero nunca te has quejado.

Me pidió que volviera a la cama.

Obedecí y puse mi cabeza sobre sus piernas, el cuerpo de esta mujer era increíble para sus veinte años.

- Alex, ¿y si nos metemos a la alberca?

- No.

- ¡Ándale! Cuando éramos niños te encantaba que nos metiéramos a la alberca antes de comer. ¿Te acuerdas cuando nos bañábamos juntos?

- Claro que me acuerdo, pero antes era diferente. Mi abuela estaba ahí para cuidarnos.

- Extraño a mi abuelita, ¿crees que nos esté viendo desde el cielo?

Le sigo el juego y respondo: - Imagínate, seguro está pensando, ¡qué rico cogen mis nietos!

Belén no puede evitar reír, pero luego me reclama el comentario: ¡Ay Alex, no digas esas cosas!

Seguimos conversando durante un rato, me levanté y le dije:

- Ya me voy, tengo que ir a casa de mi novia por unas cosas.

- Pues ve, nadie te detiene. Aún no entiendo cómo es que esa niña tan linda está contigo, se merece algo mejor que tú.

Antes de irme, le doy un beso en la frente y le digo:

Sé que mi tía no va a estar mañana y tienes casa sola, ¿puedo venir otra vez?



. Chi

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